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Hacia la gestión integral del riesgo en el sector silvoagropecurio

Por Camilo Navarro Ceardi, Director Ejecutivo de Agroseguros, Coordinador Nacional Gestión Integral de Riesgos (GIR) del Ministerio de Agricultura

 

CamiloNavarroEl sector silvoagropecurio es uno de las más dinámicos en Chile, desde el año 2000 al año 2016 el valor de las exportaciones se han casi triplicado, superando los US$ 15 mil millones.

De acuerdo a cifras del Banco Central, el PIB sectorial creció 9,8% el año 2015 y 4,5% el año 2016, versus 2,3% y 1,3% de la economía nacional. Es decir, estamos frente a un sector competitivo y moderno, que utiliza en sus procesos las últimas tecnologías en riego y post cosecha, logística y cadenas de frio, razón por la cual somos reconocidos en el extranjero, como productores de alimentos de excelente calidad, inocuos y saludables: vinos, uvas, nueces, peras, manzanas, kiwis, arándanos, carne de cerdo, etc.

No obstante, cuando le consultamos a la mayoría de los agricultores, cómo lo hacen para gestionar los distintos riesgos a los que está expuesta su actividad, ya sean de carácter comercial, por la variación del tipo de cambio, o por los eventos climáticos adversos (lluvias extemporáneas o excesivas, sequías, granizos, heladas, etc.), solo por mencionar algunos de los riesgos a que está expuesta la actividad, pareciera que nos encontramos ante un apostador, más que ante empresario, quién independiente de su tamaño, invierte esperando que esta temporada no llueva cerca de la cosecha, que no hiele en primavera, que haya una sequía para disponer de forraje, o que el tipo de cambio se mantenga o que incluso aumente.

Hay excepciones, algunos productores han invertido en mitigadores de riesgos, como son los techos para lluvias extemporáneas, aspersores o hélices para heladas, con el fin de reducir la exposición a algunos riesgos climáticos recurrentes, pero ¿qué pasa con los riesgos extraordinarios o poco frecuentes?, algunos ejemplos que puedo citar, están en nuestra memoria reciente, la helada polar del 2013 en el valle central, el aluvión de Atacama el 2015 o la tormenta de fuego de este último verano, que arrasó con más de 460 mil hectáreas, las que afectaron fuertemente las finanzas de los productores damnificados, la mayoría en estos tres casos sufrieron pérdidas totales o muy significativas, que pusieron en jaque su permanencia en el sector.

Todos estos fenómenos de la naturaleza que afectan, en forma especial, al sector agrícola se deben, al menos en parte, a la variabilidad o al cambio climático que estamos viviendo y se traducen en eventos adversos, cada día más extremos y más frecuentes. Es por ello que necesitamos adoptar un enfoque holístico y continuo de gestión, lo que se traduce en la necesidad de que los productores adopten medidas preventivas en sus predios para los riesgos frecuentes y acotados, pero además se requiere que adopten una estrategia de gestión de riesgos, que permita la transferencia de riesgos a terceros, para enfrentar los riesgos de rango intermedio, así como los catastróficos, extraordinarios y de alto nivel de daño y en donde el Estado también tiene un rol importante, en especial en la atención a los productores más vulnerables.

Desde la perspectiva del Estado, y particularmente, desde el Ministerio de Agricultura, hemos venido trabajando para enfrentar estos riesgos con una política que apunta hacia la Gestión Integral de Riesgos (GIR).

Es así como desde diciembre del 2015 existe una nueva institucionalidad sectorial que se hace cargo de este tema y busca aumentar la resiliencia de los productores, mediante diversas herramientas para gestionar de mejor forma los distintos riesgos a los que está expuesta la actividad silvoagropecuaria. Dentro de estas herramientas, destaca las de información, monitoreo y alertas, como son: el Observatorio Agroclimático ; el portal de la Red Agroclimática Nacional, Agromet ; y los informes agroclimáticos, todas herramientas gratuitas, que se pueden encontrar en la página web: dgir.minagri.gob.cl.

Asimismo, el Ministerio de Agricultura, mediante Agroseguros (www.agroseguros.gob.cl), subsidia hasta un 60% de la prima o costo de los seguros existentes para proteger la actividad silvoagropecuaria con foco en los productores comerciales.

Para los productores de subsistencia, que son alrededor del 56% de las explotaciones y representan sólo el 2,5% del PIB silvoagropecurio, a los que tradicionalmente se les entregan bonos compensatorios post una catástrofe, se está licitando el primer seguro catastrófico de Chile (seguro innominado y paramétrico), el cual va a permitirla estabilización del presupuesto del Ministerio y evitar las reasignaciones. Durante los últimos diez años el Ministerio ha gastado en promedio US$ 11 millones en atender emergencias, con años donde gastó US$ 1,5 millones y otros casi US$ 50.

Cabe destacar, que en el año 2016 el monto asegurado superó los US$ 356 millones, 37% más que hace sólo dos años. La prima por su parte, pasó de US$ 11,5 millones a US$ 13,9, lo que representa un aumento del 20,9%. Es se traducido en una mejora sustancial de la eficiencia del uso de los recursos públicos, pues ahora por cada $ 1 que pone el Estado, vía Agroseguros, se aseguran $ 54, mientras que el año 2104 eran $ 44.

Sin embargo, a pesar de la importante expansión en la cobertura de seguros comerciales en los últimos años queda mucho por avanzar. Estamos hablando sólo del 12,5% de las explotaciones, que representan el 7,4% del PIB agrícola, con cerca de 80.000 has. Por lo que el trabajo con los productores está centrado en que, cada día sean más quienes, adopten estrategias de gestión integral de riesgos, lo que permitirá tener un sector más competitivo y resiliente, ya que con mejor información, invirtiendo en mitigadores y transfiriendo el riesgo para los eventos menos frecuentes, pero intensos, que dañan la producción y/o destruyen la inversión, se pueden reducir sustancialmente los riesgos que enfrenta la actividad silvoagropecuaria, permitiendo así, reducir la tasa de descuento de cualquier proyecto, aumentando por ende la inversión y permitiendo al agricultor acceder a mayor y mejores condiciones de financiamiento en la banca, porque además de lo ya señalado anteriormente, los seguros pueden ser utilizados como colaterales y ser endosados al otorgante del crédito.

Por último, dentro de la nueva estructura que tenemos, está un área de Gestión de Desastres, la que busca dar una respuesta oportuna y eficaz a los agricultores cuando ocurre una emergencia, con foco en la agricultura familiar, tal como lo plantea el Marco de Sendai o la OCDE. Donde hemos potenciado la Infraestructura de Datos Espaciales (IDE) para tener todas las bases de datos del Ministerio georreferenciadas, así como de otros Ministerios, para que cuando ocurre un desastre en menos de 12 horas podamos definir el perímetro de afectación y con ellos los agricultores y la producción e infraestructura productiva potencialmente afectada. Así mismo hemos comenzado a utilizar una nueva plataforma para catastrar los daños en terreno, y así poder tomar decisiones, focalizando mejor las ayudas compensatorias que se entregan post una catástrofe a los agricultores más vulnerables.



 

 

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